Fundamentación

La muerte es real. Llega sin aviso, sin distinciones, y no puede ser eludida. 

El tema de la muerte, del proceso de morir y de los duelos se instala con vigor en el mundo psicológico durante las últimas décadas para dar respuesta a una creciente demanda social. Este movimiento ha permitido un acercamiento al mundo religioso espiritual con la psicoterapia y ha creado una fértil imbricación.

En forma paralela, se evidencia una tendencia creciente en la conformación de grupos de autoayuda de familiares de fallecidos en situación de duelo difícil, cuando muchos sobrevivientes de impactos traumáticos se dedican a ayudar a quienes padecen sufrimientos similares. Sin embargo, la conciencia social sobre las consecuencias personales y familiares de estos duelos no elaborados es aún limitada. Si bien muchas personas piden asistencia porque se sienten enfermas o dolidas ignoran que detrás de su angustia se esconde un duelo congelado.

Cada vez más personas piden ayuda para elaborar sus duelos. La familia actual, más aislada y más en soledad que la familia tradicional extensa y su cultura de vecindades, a menudo carece del apoyo comunitario suficiente para afrontar una pérdida significativa.

Los duelos difíciles no elaborados afectan a la familia como un organismo viviente sistémico. A ningún ser humano ni a su grupo de pertenencia le resulta indiferente la muerte de un ser querido. Cada uno de los deudos, desde su posición en la familia, en algún momento sufre el impacto. Sentimientos de culpa, de deuda, de enojo y la intensificación de conductas de apego se instalan y desestructuran la salud individual y familiar. Lograr el “entierro psicológico” involucra a toda la familia en situación de duelo. Una gestión terapéutica en duelos potencia su eficacia cuando facilita la inclusión, tanto en un escenario ritual como elaborativo, del grupo familiar. 

En la tarea asistencial, la clínica de los duelos difíciles emerge como una solución. Enfermedades, tristezas crónicas de núcleos melancólicos y tantos otros residuales del dolor congelado encuentran en esta nueva rama de la psicoterapia ayuda para mitigar el sufrimiento posibilitando nuevos sentidos a la experiencia del vivir. 

1- El legado extraordinario de Sigmund Freud no podía excluir la temática del duelo. Él mismo experimentó el dolor de la pérdida de su padre como un antes y un después. “Cuando murió todo el pasado volvió a despertarse en mi intimidad”… “es el acontecimiento más significativo y la pérdida más terrible en la vida de un hombre” escribía en 1896, pocos años antes de editarse la “Interpretación de los Sueños”.  

En “Duelo y Melancolía” (1917) se  inaugura para la psicoterapia la distinción entre duelo normal y duelo patológico y surge el concepto de “trabajo del duelo”. Este texto ahonda características del duelo patológico: los sentimientos ambivalentes hacia la persona fallecida. En este caso, el enojo se dirige a hacia uno mismo transformado en sentimiento de culpa, en autorreproche y empobrecimiento del yo.

2- Para el psicoanálisis lacaniano, la pérdida de la persona amada deja al sujeto vaciado de significantes para enfrentar el agujero traumático. Realizar el duelo consiste en rearmar su escena del mundo: reconstruir la trama significante con recursos simbólicos e imaginarios.

3- Las investigaciones del Dr. Erich Lindemann (1942) sobre familiares y amigos de los sobrevivientes del incendio de la discoteca Coconut Grove , en Boston, Massachusetts – dónde murieron casi 500 personas – le permitieron descubrir características comunes en lo que llamó “reacción aguda del duelo” como la de “desarrollar rasgos del fallecido en su propia conducta”. Esta modalidad podría comprenderse, desde la mirada psicoanalítica, como la incorporación de lo perdido bajo la forma de una identificación parcial o sintomática. 

4- Las observaciones del Dr. S. Zisook (1985) le permitieron concluir que el 17% de los pacientes psiquiátricos de atención externa esconden un duelo no resuelto.

5- Aaron Beck (1979), pionero de la terapia cognitiva, investigando conexiones entre pensamiento y sentimientos, descubrió “patrones depresivos de pensamiento”  que actúan en situación de duelo.

6- Ramsay (1977), desde el abordaje cognitivo conductual, definió el duelo patológico como “un estado de estrés postraumático con evitación de estímulos internos y externos que puedan recordar la pérdida”.

7- El Dr. J. William Worden (2002), terapeuta gestáltico, propone un modelo de trabajo terapéutico que incluye “las tareas del duelo y los mediadores del duelo” y valoriza el uso de la vía onírica como un complemento en la elaboración del duelo. 

9- La perspectiva constructivista, aporta procedimientos innovadores para la reconstrucción de significados y de identidad afectada por la pérdida. Para Robert Neimeyer (1999) “la muerte puede sacudir los cimientos del mundo de supuestos de la persona”.

10- El Dr. John Bowlby, psiquiatra inglés creador de la “Teoría del Apego” y de la “Teoría Biológica del Duelo” (1980) observó:

1- Los seres vivos reaccionan instintivamente ante la frustración de una pérdida con conductas agresivas retentivas, con tristeza y desorientación.

2- En el curso de la evolución hemos aprendido la “reversibilidad de las pérdidas”. Esta impronta filogenética nos mueve en circunstancias de duelo a buscar “re-establecer la relación con la persona perdida”.

3-“Muchas enfermedades psiquiátricas y psicológicas son la expresión de un duelo enmascarado y están en la base de trastornos de ansiedad, depresión, histeria y trastornos de personalidad”

Algunas corrientes antropológicas, en sintonía con esta mirada, nos permiten apreciar como este impulso de recuperar la persona perdida está en los cimientos de la creencia en la vida después de la muerte: un lugar donde nos podemos volver a reunir con nuestros seres queridos. (Parkes 1997)

El horror, “lo indecible”, lo ocurrido en los campos de exterminio de la Shoa judía dejo su inevitable marca traumática en sus sobrevivientes. Algunos de ellos supieron nutrir su dolor y transformarlo en creatividad sin sucumbir en el trauma.

11- El Dr. Victor Frankl, desde el análisis existencial, dotó de un eje a su logoterapia: la búsqueda de sentido y la presencia de Dios.¿Cómo no buscarlo? ¿Cómo volver a si mismo después de haber sido atravesado por las muertes, en un contexto “impensable”, de sus padres, su hermano y su reciente esposa? 

12- El Dr. Boris Cyrulnik, creador de la etología humana y del concepto de resiliencia: la capacidad de los seres humanos de superar la adversidad y salir fortalecidos de ella, sobrevivió como “un patito feo” viviendo de la asistencia pública y en otros hogares de acogida, desde los 6 años. después de sufrir la muerte de sus padres y del resto de su familia en un campo nazi. Nos dice “nadie dude que es porque mi familia fue deportada y aniquilada que me incliné a la psiquiatría, explorar la mente humana y dar un sentido a lo incomprensible”.

13- “Lo que se calla en la primera generación otras lo llevan en el cuerpo” (1987) nos enseñaba Francoise Dolto. Lo silenciado se repite como síntomas: en fechas, nombres, accidentes,  formas de morir,  enfermedades y conductas disfuncionales durante dos, tres o más  generaciones. Si bien actúan como una forma simbólica de “retener” al fallecido son un llamado, una señal para concluir asuntos vinculares pendientes.

Los duelos traumáticos no resueltos en su tiempo permanecen como una gestalt inconclusa y pasan su carga a las siguientes generaciones. Cortando la cadena de repeticiones transgeneracionales se logra reestablecer la ligazón con la memoria del muerto y un enraizamiento identitario con su filiación y su ser social.